Viajes de un sitio a otro

Empezó la semana con otra mala noticia. La muerte de Rocky, el perro de mi vecino.

Y aunque a mí no me gustan mucho los perros, éste era un perro especial.

Todos le queríamos. Era tranquilo y cariñoso. Aunque una vez casi se tragó a uno pequeño que tenía mi mujer. Era un maravilloso asesino…

No sé muy bien por qué pero toda la semana me ha perseguido la imagen de Rocky.

Y eso que me he pasado toda la semana viajando.

He viajado tanto esta semana que no sé muy bien ni a donde he ido. Tenemos en el despacho, desde hace cuatro o cinco años, un montón de juicios que nos obligan a ir de un lado a otro.

Eso de viajar todas las semanas, al principio, era divertido. Luego resulta un coñazo insoportable.

Todo se convierte en una rutina y, a decir verdad, conozco todos los juzgados de todas las capitales de España pero que nadie me pregunte más porque no sabría responderles. Hoy es miércoles, esto es Salamanca. Hoy es viernes, esto es Granada. Hoy es lunes, esto es Córdoba.

El lunes estuve en Córdoba donde hacia un frío pelón de tres pares de narices.

Solo cuatro grados, se conoce que el río incrementa la sensación de frío. Llegué en AVE, pasé frío, vi el Juzgado y me volví en AVE porque el juicio ya se había celebrado hace cuatro años y la citación era un error. Estas cosas pasan en la justicia española.

El AVE es una delicia. Una delicia siempre que no tengas que ir con otro pasajero enfrente intentando que, mientras duermes, tu pie no toque el suyo que, a su vez, intenta no tocar el tuyo.

Es una guerra de pies incomprensible porque todo habría estado mejor si hubieran puesto los asientos de forma normal.

Una vez, en un viaje en AVE, tuve enfrente a Verónica Forqué. Cuando subí tenía los pies cómodamente puestos en mi asiento.

A mí me cae bien esa actriz aunque creo que siempre hace el mismo personaje.

El de Vito en El príncipe destronado. Pero no parecía muy simpática. No me dirigió la palabra. Joder, si yo la conocía a ella perfectamente, su obligación era conocerme ella a mí. O no. Menos mal que quitó los pies de mi asiento y, al menos, me pude sentar.

Cuando volví a casa me encontré en el ascensor con mi vecino.

renfe

Un buen tipo. No sabía que decirle por lo de Rocky. Sé que le quería como a uno de la familia. Opté por no decirle nada. Creí que era lo mejor. Creo que él me lo agradeció.

El martes la gran paliza. Primero, Guadalajara y de Guadalajara a Salamanca todo sin interrupción y con el tiempo pegado.

Tomé la R no se qué.Estas carreteras radiales están muy bien, aunque estarían mejor si fueran gratuitas. Para hacer treinta Km. tienes que parar tres veces. Dos de ellas para pagar, en una sesenta céntimos (yo creía que ya no había céntimos) y en otra cuarenta céntimos. Aun así vale la pena porque puedes correr y no hay peligro.

En Salamanca, cosas del destino, vi un perro como Rocky y, la verdad, me dio pena recordar al perro de mi vecino.

Y el jueves, después de un intenso día en el despacho preparando cuatro recursos cuyo plazo (siempre los plazos) vencía al día siguiente, me fui a Granada sentado encima de otro pasajero de Iberia.

Granada tiene un color especial. Digan lo que digan de Sevilla.

Claro que todas las ciudades tienen colores especiales porque a ver qué se puede decir del color del cielo de Madrid cuando está bonito. Ese sí que es un color especial. Y si no, que se lo digan a Velásquez que no hacía más que pintar reyes en El Pardo, solo para pintar el cielo.

En Granada he ido a ver por segunda vez en un par de meses, la catedral.

¡Qué maravilla de fábrica!, como se decía antes. Es una obra impresionante de grande y de hermosa. Para mi es la tercera catedral más bonita de España, después de la de Burgos y la de León. Es una opinión, claro, pero así lo pienso.

Está, además,la Inmaculada diminuta de Alonso Cano en la sacristía y es tan preciosa que se enamora uno de ella. Tan preciosa y tan moderna. Es increíble que se vea tan, tan moderna. Y ahora hay una exposición de cuadros murales de Alonso Cano, también.

Este hombre era un verdadero genioal que no damos valor en España o, por mejor decir, en el Estado plurinacional o plurinacionalo plurilingüistico, o pluricontribuyente europeo.

La catedral es tan luminosa con sus muros blancos y tan alegres que se evidencia que es andaluza sin perder un ápice de solemnidad, desprovista totalmente de ese halo siniestro que tienen la mayoría de las catedrales católicas. En fin una joya.

He vuelto rápidamente, sentado encima de otro pasajero en el avión de Iberia que, por supuesto, ha salido con retraso porque había venido con retraso.

Iberia es como la RENFE antigua, siempre va con retraso.

Esta vez he tenido suerte. Es peor cuando te toca llevar encima a un pasajero.

Los asiento son tan estrechos y están tan pegados al de delante que no hay espacio ni para separar el periódico a la distancia mínima para poder leerlo. Y como son totalmente verticales, porque si lo inclinas el viajero de detrás se te sube a la cabeza, no se puede ni echar un cabezadita.

O mejor dicho vas dando cabezadas, más que cabezaditas, hasta que el compañero de abajo se cabrea. No comprendo como pueden cobrar cuarenta mil pelas por un viaje así. Es una falta de respeto pero ¿quién respeta a quién en este país?

Esta vez, en Granada, no fui a ver el Darro. No quería encontrarme con el gato que camina sobre las piedras. Me volvería a encantar su agilidad y su pulcritud y yo está vez quería guardar luto por Rocky.

 

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