Poder político y toma de posesión

 Si en cualquier país occidental, en un acto solemne y previo a la toma de posesión del máximo poder político, por definición civil y democráticamente sobrevenido, un presidente electo fuera ornado por el mismo Papa o un predicador de gran prestigio con un cargo político-religioso, elescándalo sería mayúsculo.

Imagínense a Tony Blair recibiendo u honor así de manos del Obispo de Canterbury antes de entrar en Downing Street tras salir victorioso de unas elecciones, o a Silvio Berlusconi en similar tesitura con el Obispo de Roma.

Las críticas serían demoledoras y, con razón, apuntarían a la perversión de la democracia en justicia e, igualmente, todos acordarían que se trata de una deslegitimación del poder civil.

Pues eso es lo que el electo y efectivo presidente boliviano, Evo Morales, ha protagonizado antes de la toma oficial de posesión como máxima autoridad de su nación.

Su marxismo rampante y reaccionario no le frena, antes al contrario, para acudir a una ceremonia de carácter religioso premoderno y recibir honores de líder espiritual, el Gran Cóndor del altiplano.

Como tal recibe la aceptación y la legitimidad ante algo más de la mitad de la población de Bolivia perteneciente a las etnias quechua, aymara y guaraní, amén de otras minoritarias. Lo peor de todo es que el mundo asistió impasible y acrítico a tal despropósito.

Si ya la ideología que Morales profesa, el marxismo-leninismo, es, por definición, antidemocrática, la incorporación contra-natura pero pragmática, desde el punto de vista de la ambición de poder, de un carisma religioso supone una merma preocupante de condiciones democráticas.

Que una parte de la población boliviana acepte un liderazgo político nacional por la asunción de un poder religioso es deprimente.

No sólo se da este hecho perturbador, pero aunque sólo fuera por ello, puede decirse que los bolivianos no viven en democracia.

Ésta sólo es tal si recibe su legitimidad única y totalmente de dos fuentes: la elección popular y el sometimiento a la Ley. Cualquier otra que se introduzca complementariamente va en detrimento de ésta y, por tanto, recorta la democracia y la libertad.

poder politico

El poder que Morales recibe de los sacerdotes indígenas será retenido, incluso, si en los próximos comicios resultara ganador un partido y un líder no indígena.

Tal retención será, sin duda, utilizado como antidemocrático contrapoder que chantajee y amenace al legítimo para condicionarle o para, incluso, evitar su acceso a la más alta magistratura.

El drama que esto supone para la población boliviana cuenta con antiguos precedentes y similares situaciones presentes en Iberoamérica.

La ya señera condición social, económica y política de sus naciones, desventajosamente comparables con la de los Estados Unidos, está en la base de estas derivas. Cualquier ropaje ideológico es bueno si eso sirve para hacerse la ilusión de poder agredir y desafiar al “Gigante del Norte”.

El marxismo-leninismo o el mitodel “Buen Salvaje” han sido elaborados en los sótanos intelectuales de Europa y asumidos como ideología compensatoria por las sociedades iberoamericanas.

No sería justo reducir este artículo a una mera calificación del fenómeno sin apuntar la necesidad y la posibilidad serias de escapar de las consecuencias negativas del mismo.

 Está en manos de las élites intelectuales, económicas y políticas deshacerse de los tres mitos que, por serlo, alejan de la realidad a las sociedades que los sustentan: el indigenismo, el marxismo y el antiamericanismo. Liberarse de esta triple obsesión les llevará a construir entramados políticos más sólidos, estables y, por ende, más prósperos, con los cuales sí podrán competir con el eterno y no siempre involuntario causante de odios y complejos: los Estados Unidos.

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