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El tenor español Plácido Domingo celebró ayer el 40 aniversario de su debut en la Ópera Metropolitana de Nueva York, un escenario con el que ha mantenido desde hace décadas un idilio.
Rodeado de amigos como su compatriota José Carreras y de amantes de la
ópera tan conocidos como el cineasta Woody Allen, Domingo festejó, con
una cena de gala que la ópera neoyorquina organizó en su honor, su
relación con el escenario en el que actuó por primera vez en 1968 con
el papel de Maurizio de "Adriana Lecouvreur".
"Es una gran emoción. No he parado de llorar desde que entré, porque en
este teatro tan maravilloso he pasado toda una vida", declaró a una
agencia internacional de noticias el tenor, quien, en el discurso con
el que agradeció el homenaje, no pudo reprimir las lágrimas en varias
ocasiones.
Para Domingo, el idilio que vive con el público de la Gran Manzana
desde aquel 28 de septiembre de 1968 sigue en vigor y, pese que se
reconoce "muy ocupado" como director de la Ópera de Los Ángeles y de
Washington, pretende seguir actuando en Nueva York "hasta que Dios
diga".
"Lo mejor es levantarse mañana y ver que puedes seguir cantando. Lo voy
a seguir haciendo mientras pueda en Nueva York, donde me siento como en
casa y donde no he faltado ni un solo año", aseguró Domingo, quien
explicó que, por el momento, no se le pasa por la cabeza bajarse del
escenario por más homenajes que reciba.
El tenor español aseguró así que no piensa retirarse "ni un día más
tarde, pero tampoco un día antes", aunque volvió a asegurar que ya ha
hecho "todo lo que tenía que hacer" y que todo lo que venga a partir de
ahora es ya "extra".
Entre los proyectos que prepara para el futuro destaca el de retomar de
nuevo en la Ópera Metropolitana el papel de Maurizio con el que debutó,
algo que ocurrirá el próximo febrero y, según explicó, el de volver a
colaborar con José Carreras, quien hoy cantó durante unos minutos en
honor a su compañero de "Los tres tenores".
"Seguramente que haremos algo. Ha pasado mucho tiempo y creo que es un
buen momento para realizar algo juntos", dijo Domingo, quien, como
buena parte de los asistentes al evento, se acordó del tercer tenor, el
ya fallecido Luciano Pavarotti.
"Es una lástima que por poco tiempo no esté aquí. Él y yo debutamos en
esta misma casa con pocos días de diferencia, como Jaime Aragall. Una
pena que no estemos aquí todos", aseguró el tenor español, cuya imagen
llenó la totalidad del escenario gracias a gigantescos carteles que
rememoraban sus mejores actuaciones.
Carreras, por su parte, dijo que siempre está "abierto a algún tipo de
colaboración conjunta con Plácido en muchas aspectos" y recordó que el
tenor madrileño colabora habitualmente en la fundación que el
barcelonés tiene contra la leucemia.
"Su talento, determinación, el amor y la pasión por el trabajo, su
versatilidad, presencia escénica y su voz, todo eso hacen de él un
cantante único en la historia de la ópera", dijo Carreras, quien
definió a Domingo también como "un amigo excepcional".
Para Carreras, lo más extraordinario de Plácido Domingo es "su
dedicación y vocación, su vitalidad y las ganas continuas de innovar,
algo de agradecer en un cantante de su edad y con tantos y tantos años
de éxitos".
Durante la celebración, la casa de la ópera neoyorquina descubrió un
retrato de Plácido Domingo que colgará en sus paredes desde ahora y que
es obra del polifacético cineasta Julian Schnabel, quien pintó al tenor
español en su estudio de Nueva York a principios de septiembre y en tan
sólo tres horas.
El homenaje se celebró con una cena sobre el mismo escenario al que
Domingo se ha subido en tantas ocasiones para interpretar a su lado
Otello, al Alfredo de "La Traviata", al Rodolfo de "La Bohème y tantos
otros papeles de un total de 45, una cifra histórica para la Ópera
Metropolitana de Nueva York.
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