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Como cada año los que no tienen la dicha de tener a sus madres vivas, acudieron a los cementerios de la ciudad de Maturín para colocar flores sobre la tumba de sus progenitoras.
Una gran cantidad de personas se acercaron a los camposantos a primeras
horas de la mañana. A medida que avanzaba el día, el número de
visitantes disminuía.
Algunos descansaban al pie de la tumba, tranquilos pero a la vez
preocupados sólo por mantener los sepulcros limpios y llenar de rosas
el lugar, mientras que otros, motivados por lo reciente de la pérdida,
no podían contener el llanto.
“Mi madre murió hace un mes, realmente los días como éste son
difíciles, pero uno tiene que llenarse de fuerza. Vine a limpiar la
tumba y a traerle flores”, explicó Ramón Carvajal.
A los que el paso del tiempo les ha ido curando la herida, causada por
la desaparición física de su madre, les resultó menos doloroso celebrar
el día, pues se fueron en familia, y con sombrilla en mano a festejar,
sentados al lado de la tumba de su progenitora.
Exigen Limpieza
En el cementerio nuevo de la ciudad de Maturín, en medio del dolor y
los esmeros por arreglar las tumbas, las personas hacían un poco de
tiempo para solicitar mayor limpieza en el campo santo.
“Todos los contenedores de basura están saturados. La basura se
desborda, no hay una limpieza constante. Solamente limpiaron el día de
hoy, y aún así se ve sucio”, explicó Celia Alfaro.
La inseguridad que azota el área también fue blanco de críticas. Según
explicaron los visitantes, cada nueva temporada se consiguen con la
sorpresa de que a las tumbas les falta algo.
“Cada vez que vengo hay algo nuevo. A la tumba de mi hijo le quitan
las argollas, y los floreros, esos es siempre”, dijo Alfaro.
En el cementerio viejo, ubicado en el sector Periquera, el escenario
fue diferente; a juicio de los visitantes la limpieza de las áreas fue
más notoria este año.
Vanessa Leonett Reyes
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