Cine y como las finanzas no han cambiado tanto

 

El cine y el sector financiero no siempre se han llevado bien.

De hecho al menos en España gran parte de nuestro cine tiene que ser financiado por el estado pues financieras y demás no les conceden ninguna opción.

En este articulo uno de nuestros lectores hace una pequeña reflexión acerca de su opinión del cine. Vamos a verla.

Permítanme empezar con una pequeña reseña personal.

En distinto artículos, en distintos programas de radio y siempre que puedo, me he de­fino como niño de sesión continua.

Mi amor por el cine y especialmente por aquel cine de sesión continua creo que em­pezó cuando nací.

Si es verdad, que la madre transmite sus gustos a su futuro hijo, Ella (no es error con mayúscula), me trasmitió su gusto por aquel cine de la época dorada de Hollywood.

Era el periodo en que veía cuatro o cinco películas todas las semanas (afortunadamente no había tele) y yo sin darme cuenta, al leer los títulos de crédito, asimilaba principal­mente, los nombres de los actores y actrices de la época.

Cary, Gary Gregory, Clark, Errol, Henry, John, Humprhey, Tyrone, James, Burt entre ellos, eran mis amigos, mis héroes.

 No les pongo apellidos, pero seguro que Uds saben quiénes son. Ava, Katharine, Audrey, Grace, Jane, Lauren o Marilyn entre ellas, eran los amores ocultos de mi adolescencia.

Tampoco les pongo apellidos. Seguro que saben a quienes me refiero. Eran los nombres de los personajes que mi feliz memoria acumulaba.

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Sin embargo no era tan frecuente que guionistas, directores etc. permaneciesen en mi subconsciente salvo una excepción.

Por que hubo un persona en aquel Hollywood dorado, escritor, guionista y director excepcional, que se grabó en mi memoria con la misma fuerza que los actores y actrices que he mencionado, y que fue au­tor de películas de suspense dignas del mejor de los Hitchcock como “Testigo de Cargo”, películas bélicas como “Cinco Tumbas al Cairo” dramas como “El crepúsculo de los Dioses” o al­gunas comedias, que a mi modesto modo de ver son irrepetibles, como En bandeja de plata, Bola de fuego, El Apartamento, Con Faldas y a lo Loco, Irma la dulce, La tentación vive arriba

Aquel personaje, judío nacido en lo que fue el imperio austro húngaro, que huyendo del nazismo fue primero a Francia y luego a Estados Unidos, cuya madre murió en Auswitchz, cuyo destino fue marcado al ver el film Acorazado Potemkin, Aquel rey del humor del que basta un ejemplo, el chiste que escribió para la película de Ninotchka, cuando Greta Garbo sale del tren y le preguntan por los juicios sumarísimos en Rusia, ella sin inmu­tarse contesta “Van muy bien, ahora hay menos rusos, pero mejores.

 Y en fin, aquel cuyo principal maestro fue el gran Ernest Lubitch, se llamaba Samuel Wilder, mas conocido por todos los cinéfilos como Billy Wilder .

Su palmares habla por si mismo. Guionista de 60 y director de 26 películas, nominado en 21 ocasiones y ganador de 7 oscar, fue mi ídolo como guionista y director de aquellos años feli­ces de mi infancia y adolescencia

El 22 de junio se cumple el centenario de su nacimiento. Murió a los 95 años, victima de una neumonía en su residencia de Beberly Hills, y si bien Nobody is perfect (Nadie es perfecto) la famosa frase de Joe. E. Brown a Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco él, Billy Wilder si lo fue.

Estoy seguro que a él le gustaría como homenaje de su nacimiento, que se conociesen algu­nos de sus anécdotas y rebuscando entre sus biografías he encontrado tres que puede que les gusten. Juzguen Uds. el humor de Billy Wilder por ellas.

La primera es la siguiente: en 1.939, después del preestreno de Ninotchka volvían a Holly­wood los guionistas (entre los que estaba el propio Wilder) y el director Lubitsch en una gran limusina. Estaban de buen humor, ya que la película había tenido un espléndido recibimiento. Lubitsch leía las tarjetas en las que los espectadores del preestreno habían escrito su opinión de la película.

Leía una tras otra y se las iba pasando a sus guionistas. De pronto, mientras leía, em­pezó a reírse a carcajadas. Jadeando, le entregó a Wilder una tarjeta. Wilder leyó: ” Una película muy graciosa. Me he reído tanto que me he meado en la mano de mi novia “.

La segunda es uno de los chistes preferidos de Wilder: En Albany, N. York, un sepulturero manda a su hijo como aprendiz a la empresa de pompas fúnebres más famosa de N. York.

En Navidad regresa unos días a su casa y le cuenta a sus padres qué hombre tan formal y sereno es su maestro neoyorquino, cómo sabe resolver cualquier situación. Hace poco -cuenta el hijo para poner un ejemplo- llamaron a mi jefe un domingo desde el Hotel Plaza, diciendo que había te­nido lugar un súbito caso doble de muerte, muy delicado.

 Rápidamente fuimos al hotel, subi­mos en el ascensor al piso indicado, entramos en la habitación y vimos en la cama a una pareja, unida en la muerte.

Y ¡oh espanto! el hombre, aún en la muerte, tenía una enorme erección. Con una gran sangre fría, mi jefe cogió su bastón y derribó la piedra de escándalo, con un golpe certero, ¡así, con este tacto y rapidez, es capaz de actuar!… Lamentablemente comproba­mos que habíamos entrado en una habitación equivocada.

 El tercer momento es el siguiente: Es invierno, un oficial austríaco es trasladado a la guarni­ción de una ciudad cubierta de nieve y allí se enamora de la hija del alcalde, que se llama Annema­rie.

Una noche el amor no le deja dormir, se viste, y se va a casa del alcalde y, para demostrar a su amada su devoción, mea en la nieve las siguientes palabras: ” ¡Te quiero Annema­rie! “. Es decir, él quería escribir eso en la nieve, pero cuando hubo escrito: ” ¡Te quiero Anne… ” se le termina el pipí.

Corre al cuartel, despierta a uno de sus soldados, le ordena que se vista y que la acompañe. Se apresura a volver a casa del alcalde, allí le ordena al soldado que se desabroche la bragueta y le ordena:

” Aquí, ahora haz pipí y escribe Marie en la nieve “. El muchacho se queda rígido, con el órgano en la mano, pero no pasa nada. Finalmente el oficial le grita: ” ¡Qué pasa!. ¿No sabes mear? “. El soldado le contesta: ” Mear sí, señor, pero no sé escribir “. Wilder contaba este chiste una vez que tuvo que ir al urólogo

. él le pasaba lo contrario que al soldado: escribir sí sabía.

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